Cuando vi la foto me quedé soprendida. Vaya, que cuero eres. Seguro ningún otro pato se daría cuen
ta de eso. Pero yo sí. Haz cambiado demasiado. Tanto, que ni eres tú. No eres la persona de quien me enamoré como idiota. No. Antes eras más humano, menos perfecto. Aunque también, menos alcanzable. Te sentía arriba, en las nubes. Y eso me gustaba. Ahora estás aquí, en el piso. Aunque no seas el mismo, te quiero mucho, igual. Admito que ahora han venido a mi muchos recuerdos. Recuerdos de cuando todo era prohibido. Cuando todo era divertido y genial. Cuando, quizas, los dos éramos niños. Recuerdo el primer beso. Ese que tuve tanto miedo de darte. Recuerdo tu risa, tu cabello y tu camisa. Tus ojos y la despreocupación por todo. No se en qué momento todo se puso raro. Y en algún momento de esta noche tuve ganas de decirte, hey san wanfranco, es mi mejor amigo, no me deje más sola, y ayúdeme a seguir la línea de los lamas tibetanos.
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